24.8.05

¿QUIÉN SE QUEDA CON LA NENA?

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Este extraño lugar se llama Toledo, en Spain. Por alguna de estas complicadas callecitas camina mi hija todos los días, adentro de la panza de Carolina.

Para los que no conocen mis anteriores confesiones, debo resumir que mi ex novia Carolina, embarazada, se radicó con sus padres en España. Cortó sus comunicaciones conmigo, pero su padre se dignó contarme algunas cosas sobre ella: que se separó de su nueva pareja, que tal vez querría retomar contacto conmigo y... ¡que me confirma que voy a ser padre de una nena dentro de dos meses y medio!!!
Ser padre a algo así como 10.000 kilómetros (6.200 millas o 5402 millas náuticas) de distancia es una experiencia bien extraña. Una rareza a lo Vitali.
Los padres de Caro, en un extraño y sospechoso acto de supuesta reparación, me han invitado al parto y, eventualmente, a que me radique en la madre patria para poder estar cerca de la niña.
Esto se llama de una única manera: poner a un tipo en crisis. Nunca he pensado otra cosa que vivir en mi país. Siempre he deseado tener una esposa, y mucho más un hijo, y vivir con ambos.
Hace unos días que leí en Clarín que los cultores públicos de la psicología habían liberado una vieja disposición que negaba que los padres separados criaran alternativamente a sus hijos. Esto me parece excepcional: podríamos ensayar que, hasta que la nena vaya al colegio, pase 6 meses conmigo y 6 meses con su madre. Aunque lo creo no de fácil resolución, puede ser apenas –por ahora- una buena cuestión de principios.
Me preocupa el lugar que ocuparía para mi hija. Me preocupa si me van a consultar el nombre. Me preocupa todo eso y un montón de boludeces más que no me dejan dormir.