6.7.05

LA VIDA ¿ES UNA HERIDA ABSURDA?

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El título puede que no sea muy original (esto me lo dijo Tía María, anoche, cuando cenando en su casa le conté lo que ahora les voy a repetir a ustedes). Pero el otro día, en la tv de cable presencié la presentación del hijo que tuvo Discépolo en México, ignorado por todos y que ahora se da a conocer. Es decir: parece que es bastante común que la gente tenga hijos por ahí, que luego se abandonen.
Que si bien la vida no es una novela, es peor.
El lunes, después de un día podrido donde casi todo había andado mal (no entré en máquina, perdí el turno, me pasaron para el jueves, voy a perder un toco de guita), llegué a casa y no tenía gas. ¿Tienen una puta idea de lo que es no tener calefacción, agua caliente, horno ni hornallas en este puto Buenos Aires en julio?
Pensando en el drama y que, cuando me enterara fuera más drama aún, llamé por teléfono al encargado del edificio.
- Ah, señor, usted no estuvo... El fin de semana detectamos una pérdida importante y hubo que denunciarla a Metrogas. Nos cortaron el gas hasta que lo arreglemos.
- Y?
- Nada. Que hasta que no se arregle, no conectan de nuevo.
- ¡Pues que lo arreglen!
- Están en eso... es cuestión de unos días.
- ¿Días? ¿Cuántos?
- No se. En el edificio de enfrente fueron 32 días.
Para los que no saben qué pasa en Buenos Aires, hoy hizo cero grados centígrados. ¡Hasta las bolas se me van a congelar si no tengo gas!
En esa trascendental cavilación estaba, luego de cortarle a mi interlocutor, cuando el teléfono empezó a sonar. Me pregunté si debía contestar. No quería escuchar a nadie, sólo tenía qué pensar cómo cuernos poder tener un poco de calor.
El teléfono insistía.
-¡Hola! -grité.
- Hola -dijo un varón, del otro lado, con voz queda.
- ¿Quién habla?
- Hernán.
- Hola, cuervo, no te conocí la voz. Estoy sin gas.
- Creo que te confundís. Soy Hernán Ruiz Rivarola.
Al tipo se lo percibía como atribulado, temeroso. Y, realmente, no era el Hernán amigo.
- Soy el Hernán de Carolina.
¡Putaparió! No termino de olvidar cuando la historia se me cruza de nuevo. Este es el hijoderemilputa que se me la llevó a la Carolina ojalá que lo parta un rayo.
-¿Y qué querés?
Dije esto y enseguida me di cuenta que algo pasaba. ¿Malo, bueno, o qué?
- Quiero verte.
- ¿Estás en pedo? Yo estoy en Buenos Aires. Y de paso oíme: andate a la putamadrequeterecontraparió. (ahí corté)
Qué boludo. Me quedé mirando el teléfono como si adentro estuviera Hernán. Y Carolina. Y la puta ciudad de Toledo.
El teléfono volvió a sonar. Y yo seguí mirando el teléfono. Soy un idiota. Bah, no. Así que atendí.
- Si sos Hernán, te cuento que no me importa nada lo que me digas.
- Ale: estoy en Buenos Aires.
- ¿Aquí?
- Nos separamos con Carolina. Quiero charlar esto con vos.
...
- Ale: ¿me oís?
- Sí. (mentiras, no lo oía, ¿quiere decir que si Caro lo abandonó es porque me quiere?)
- Carolina no me quiere, tampoco te quiere a vos, creo que no quiere ni querrá nunca a nadie.
- ¿Y para qué querés charlar conmigo?
- Estoy muy angustiado...
- Lo siento, man.
Y corté.
Me senté y me serví una caipirinha. Me sentí un protagonista de un culebrón. Ahora sí que estoy en medio de un drama.
La llamé a Tía María pero no contestó, a esta hora ella ve su película con los audífonos en Dolby ¡sólo escucha el stereo!
Lo llamé al viejo pero no estaba, me acordé que es su día de tango en el club.
Así que la llamé a Carolina, a España.
- Caro, soy Ale.
- No quiero hablar con vos.
Y cortó.
Ah, qué bien. Le corté a Hernán y Carolina me cortó a mí. Es decir: no se nada.
Y la doctora Castro, mi analista, ahora está en un puto congreso en Madagascar. ¡Muéranse todos ya!