6.6.05

YO DEBERÍA SER OTRO

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Así como Sandro debería ser Charles Aznavour, Vicentico Silvio Rodríguez, o Valeria Lynch Barbra Streisand, yo debería ser Rodrigo Vitali. Es que Rodrigo fue, es y será mi sombra negra.
Hablo de mi primo, que nació un año antes de que yo apareciera por el mundo. Ambos fuimos hijos primerizos de padres jóvenes, y por lo tanto fuertes referentes de abuelos y tíos también primerizos. Todo bien y parejo, hasta aquí. A no ser por el hecho de que, al haber nacido antes, él se convirtió en el barómetro ineludible de mi crecimiento.
Rodrigo resumió de una manera envidiable todas las virtudes posibles: habló y caminó antes del año, reunió el peso y la contextura ideal que aconsejan los libros de pediatría, aprendió a leer a los cuatro años, hablaba inglés con sus tíos británicos a los seis...
Lo dicho: se constituyó en mi sombra negra.
Y una cualidad suya adorada por toda la familia (además de su virtuosismo con el piano y su melilufla voz interpretando las canciones de Sui Generis) fue su facilidad y desmedida vocación por el estudio... ¡Madonna santa! Rodrigo fue (es) un obsesivo que durante toda su vida siempre puso el despertador dos horas antes para "repasar" antes de ir a la escuela/colegio/universidad.
Ni les comento (por la rabia que me da) acerca de sus reiterados "logros" tales como ser siempre abanderado, adornar permanentemente los "cuadros de honor", etc. Y ¿saben lo peor de lo peor?: si piensan que era un "nerd", un chupamedia, un sociofóbico, se equivocan... Rodrigo ha sido un clon de Maradona, con un algo de suerte adicional (nunca vi a nadie ligar tantas oportunidades de gol), y que en sus ratos de ocio perfeccionaba sus virtudes con el basket a pesar de no ser muy alto, y cada vez que jugó al tenis conmigo me ganó SIEMPRE. Su talento con las computadoras es inenarrable: las armas y desarma, las maneja, entiende de programación y también me ganó SIEMPRE en los juegos en la PC.
Y algo que siempre me consumió de envidia: no conocí a nadie con tanto éxito con las mujeres.
En síntesis: todos quisieron siempre que yo fuera al menos un poquito igual a Rodrigo. Es decir que yo fuera OTRO. Creo que yo también.
Para mis viejos esa referencia, Rodrigo, enloqueció sus vidas. Primero, dado que todavía no hablaba, temieron por que yo llegara a ser sordomudo. Al ver que no caminaba a la altura de los meses que habló mi primo, pensaron que carecería de reflejos de una musculatura suficiente. Comía menos, crecía más lento, aprendí a leer más tarde, parecía no gustarme ni entender la música.
Así fue como Rodrigo marcó cada momento, día, hora o minuto de mi vida.
Si piensan que esto es horroroso, esperen por más porque hubo cosas peores. Me inscribieron en el mismo colegio, claro que un año después. El primer día de clase de cada año viví el mismo oprobioso ritual: maestros y profesores cuando pasaban lista y llegaban a mi nombre preguntaban, inevitablemente:
- ¿Vitali? (aquí era como que se les encendía el rostro) ¿Sos algo de Rodrigo?
- Sí (bufaba y lamentaba yo) soy el primo...
Aquellos primeros días con cada docente eran gloriosos, porque se ilusionaban vanamente pues podía ser en algo similar a Ro.
Hay que entender a los pobres: mi primito era el ideal de los ideales para cualquier docente. Porque se impacientaba y no podía estudiar por fragmentos. Si estaban estudiando, por ejemplo, el feudalismo, el no podía conformarse un día con conocer los antecedentes, otro las características, otro los hechos principales y así durante una semana. ¡Él se estudiaba todo el feudalismo de un saque y sabía todo de entrada! Leía capítulos enteros de los manuales, y quedaba tan ansioso que tomaba las enciclopedias y seguía buscando datos y cotejando información. Esto, que pareciera ser un empacho de datos a cualquier edad, era metabolizado por Rodrigo de forma maravillosa, a tal punto que podía hacer síntesis orales "a pedido" y tardar cinco minutos o una hora, con detalles insólitos de anécdotas que había recogido en libros ignotos.
La escena habitual -que adoraban los profesores- era siempre más o menos así:
- Rodrigo: contales a tus compañeros cómo es la configuración morfológica del cocodrilo...
Y el profe descansaba (y se engolosinaba) durante los veinte minutos que le llevaba a mi primo contar cosas que el mismo profesor ignoraba, y que él recogía de las fuentes menos imaginables: libros de las bibliotecas familiares, o de las colecciones densas y aburridísimas que les regalaban los familiares para sus cumpleaños.
Todo lo que era intrascendente para cualquiera de los otros chicos de su entorno, era prioritario para Rodrigo: las implicancias climáticas, la nueva legislación o los cambios geográficos en los países de Asia o África. Todo era un desafío diario para su necesidad de conocimientos, que parecía generarle un monto incalculable de adrenalina.
Cuando cada maestra o profesor llegaba a darse cuenta de que yo no era ni el uno por mil de aquel traga, todo se volvía desgraciadamente en mi contra. Y yo presenciaba como mi desprestigio crecía. Los docentes reaccionaban mal, y era seguro que luego aprobar su materia se volvería una misión casi imposible. ¡Ellos querían que yo fuera OTRO!
Ese fue un sino demoledor de mi infancia, adolescencia y juventud. Salvo mis tíos, los padres de Rodrigo, todos en mi familia deseaban que yo fuera igual a él, algo que me era no sólo difícil e imposible sino de la más odiosa vertiente. Pero ¿cómo podría ser como el el idiota de mi primo, que se la pasaba leyendo para ambicionar conocer más? ¿Para qué podría yo querer saber más, si con lo que ya sabía me las arreglaba bastante bien?
¿Envidiaba a Rodrigo? Y, sí... bastante. ¿Qué otra cosa se puede sentir por un tipo que tiene las mejores notas y por eso es admirado y adorado por toda la familia y que -además- gana en todos los deportes, y enloquece de pasión a cuanta mina se le cruza?
A medida que lo escribo me voy acordando y la envidia se me va transformando en un odio que antecede a la percepción del resto de pecados capitales.
¿Mi conclusión? Independientemente del hecho de que Rodrigo y yo somos dos pobres ciudadanos más de esta triste tierra desolada para los integrantes de la clase media, yo debería -igual- ser OTRO. Porque Rodrigo la yuga como cualquier hijo de vecino: se casó, tiene dos hijos y su sueldito como científico le alcanza ahí nomás.
Pero yo -igual- debería ser otro. Otro que no fui y que no soy.

1 Comments:

At 2:58 a. m., Blogger el viejo said...

muy bueno...no deberias ser como Rodrigo serian mas de lo mismo es mejor ser mas de otra cosa.

 

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