2.6.05

LOS REPORTAJES DE VITALI - TIO ELOY PARTE I

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Este es un auto mítico en la sociedad argentina: el Di Tella 1500, un símbolo de fortaleza, buena construcción y mejor rendimiento. Acá se lo vincula al arte, a la publicidad, la literatura y el mundo ejecutivo, un pulular de coimas que distingue a tantos dueños de las mansiones de San Isidro o los pisos de Libertador. ¡Coimeros!

Me gustó esto de reportear a la familia. Bah... a papá y a la Tía María, dos representantes de una vieja guardia...
El sábado pasado estaba en el cumpleaños de mi prima Raquel, y me reencontré con un pariente al que admiro. Es, digamos, un "tío político", esos que se agregan a la familia pero que uno termina incorporando mejor que a otros porque es un tipo "pata", que aunque no piense totalmente como vos, sin embargo habla como vos y te entiende, sabe guardar silencio cuando decís algo que no le va, porque prefiere no darte oposición por boludeces.
Creo que eso es bastante importante en la buena relación con el otro, aunque tu analista te lo niegue y te diga que "tenés que sacar todo afuera" sea quien sea, aun tu tío más querido...
Voy a usar un nombre ficticio para referirme a él, digamos Eloy. Es muy conocido y políticamente no le convendría que su nombre fuera asociado con sus comentarios, ok?
Eloy fue durante muchos años jefe de ventas y gerente de producto en una de las más importantes empresas de consumo masivo, multinacional y multiventas. Hasta que otra más grande lo sedujo con una oferta top, y se lo llevó de gerente comercial. Allí fue la estrella indudable durante unos doce años. Pero la lucha es cruel y es mucha. Le ganaron. Lo indemnizaron bien, pero la plata no cubre el bache que deja la falta de laburo. Con esa indemnización y con la ayuda de un amigo pusieron un drugstore en el centro. Algo lo divierte la cosa, pero no es lo mismo.
- La esencia de mi reportaje es descubrir aspectos nuevos para nuestros lectores sobre ese "mundo de los ejecutivos" en el que te tocó vivir.
- Un mundo igual que cualquier otro. No hay que creer todo lo que se diga sobre este tema. En los sesenta surgió toda una cultura dirigida al mundo ejecutivo cuya principal finalidad era venderle cosas caras, ofrecerle "un mundo especial". Había revistas lujosas dirigidas a eso (Adán, Primera Plana, Análisis, Confirmado, Panorama), y la aparición de hábitos, boliches (como Mau Mau, Jaque), restaurantes, gente, hasta museos. Se suponía que el mundo de los ejecutivos era como la "nobleza" en el mundo de los negocios. Hasta una liberal de izquierda como María Elena Walsh hizo su buen negocio grabando un album de canciones sobre los ejecutivos, que presentaba todos los días en un espectáculo personal en un teatro del centro (el Embassy). Hay que recordar que esa era la época de la "manzana loca" (se refiere a la manzana del Di Tella, en Retiro, una época de gran explosión artística). Te recomiendo que leas los libros autobiográficos de Julio Llinás, un poeta que en los cincuenta fue el top del surrealismo en Argentina, en los sesenta el top de la publicidad, en los setenta el top de la publicidad norteamericana, en los ochenta el top de la literatura.
- Gracias, pero a mis lectores ya les recomendé a Llinás, yo leí todo lo que hizo Llinás, es mi autor fetiche.
- Llinás metió el dedo en la llaga al mostrar muchas de las contradicciones sobre la que se montaba el mundo de los ejecutivos, y que hoy sigue siendo exactamente igual. Al menos desde mi perspectiva.
- ¿Qué es lo más llamativo que te tocó vivir como alto ejecutivo de una empresa top?
- ¿Llamativo como qué?
- Mirá tío, voy a ir directo al grano, porque esto tiene que ver con una conversación previa en la que me contaste todo. Quiero que cuentes "lo de la coima".
- Es un tema difícil. Una cosa es que te lo cuente a vos, como el sábado, con todo el alcohol encima, y otra que lo ponga en claro para una declaración periodística.
- ¿Cómo sintetizarías tu opinión?
- Así (sin alcohol de por medio): todos hablan de los políticos, las empresas estatales o las administraciones públicas como foco de coimas. Nadie tiene en cuenta las fortunas que se manejan en el ámbito privado.
- Danos un ejemplo.
- Muy sencillo. Por ejemplo, mi caso. Yo, como gerente comercial, tenía que sacarme de encima unos cien proveedores por día que querían, simplemente, mostrarme qué vendían. Digamos: un constructor de stands para exposición. Venía y me decía: "yo te ofrezco este modelo de stand que vale tres mil pesos, lo facturamos a cuatro mil quinientos y los mil quinientos te lo mando en un sobre a tu casa". Si yo aceptaba, la operación era muy sencilla y no había error. Un señor vendría a mi casa, y en un sobre sin copias ni constancias me dejaba el dinero.
- ¿Vos nos estás contando lo que hacías?
- ¡No! Y quiero que aclares a tu lectores que estoy contando algo que hacían muchos colegas, no yo (obvio). No espero que crean que soy el Arcángel Gabriel ni mucho menos. Si me creen bien, si no igual. Desde que ingresé en el mundo empresario me propuse vivir de mi profesionalidad. No me interesa si sirvió o no. Hice buena guita, tuve buen pasar. Pero, obviamente, podría haber hecho cien veces más. Las coimas hubieran llevado mi poder adquisitivo a niveles enormes. Una vez se me ocurrió dimensionar cuánto hubiera recibido de aceptarlas. La proporción me dió diez veces más mi sueldo más bonus más beneficios.
- ¿Podés explicarlo mejor?
- Voy a tratar de explicarlo en términos actuales. Un gerente comercial gana hoy entre 15 y 30 mil pesos argentinos (según el tamaño de la operación que maneja) más beneficios (auto y los gastos, tarjeta corporativa bastante libre para gastos de representación y gastos de representación en los que entra desde el diario de la mañana hasta la mochila del colegio del nene, y a fin de año un premio igual a dos o tres veces tu sueldo, si todo anduvo bien). En coimas podés levantar entre 50 y 100 mil por mes.
- Me dejás absorto, y a mis lectores con la boca abierta.
- Pero así es. La competencia es fuerte, y un gerente comercial recibe ofrecimientos de coima de las agencias de publicidad, de los medios, de los estudios de decoración, de las empresas de modelos y extras, de los estudios de filmación, de las empresas de personal temporario y las imprentas, los fotógrafos y los mil etcéteras que ahora se me escapan.
- ¿Vos me decís que elegiste ser pobre?
- ¡De ninguna manera! Yo, simplemente elegí ser indecorosamente tan rico.
- ¿Cuál es tu conclusión?
- Que hay una zona gris, moralmente hablando, que está regida por las leyes de los negocios, que son tan feroces como en la época de los fenicios. Los que quieren cerrar un negocio a su favor hacen cualquier cosa para lograrlo. Y los que están a tiro, acceden porque no es lo mismo vivir en un piso en Libertador si se puede llegar a vivir en un palacete en San Isidro. Así de sencillo.
- Es como que hay dos Argentinas.
- ¿Dos? ¡Mil! Yo creo que ninguno de mis colegas te confirmarían lo que yo digo. El pacto de silencio es universal. Porque la crema de los negocios de los más prestigiosos en cada tema está cruzado por este mundo negro de la coima: yo doy fe del que pulula en el mundo comercial, pero también en el mundo de la construcción, el del manejo de los recursos humanos o el de la venta o compra. ¿Oíste hablar de las área de compras en las empresas? Es un mundo del "tanto te doy" diario.
- ¿Cómo dar crédito a que vos zafaste de esto?
- No me importa que crean. Total estoy aquí anónimo. Pasado un tiempo estaba tan harto que excelsos señores me dijeran directa o indirectamente que "con cuánto quería ir prendido yo" que en la entrevista yo ensayaba un parlamento más o menos así "mire: yo no soy coimero: no me ofrezcan nada y ya mismo baje esa cifra de su oferta". La mayoría se sentía muy agredida (dado que ya tenían presupuestada mi parte) pero al final, con tal de ganar, se adaptaban.
- ¿Tu conclusión?
- Yo tengo una reflexión que podríamos denominar "endiablada": ¿cómo acabar con el tema en el Estado si pasa esto entre los ejecutivos de las empresas privadas? Cuando en los 90 explotó lo de IBM (el caso más maldito de la historia universal de la coima) quedó en evidencia una "empresa modelo" que se salía de sus pautas supuestamente éticas. Cuando saltó todo, el personal de la multinacional se largó a contar lo que sabían de los principales implicados. ¡Y no sólo era un tema para afuera, sino que por dentro también bullía!
Digamos que esta es mi conclusión: este es un país corrupto, en donde la opinión pública cultiva una permanente doble moral: hay cosas que no se deberían hacer según quién, cómo, cuándo y por qué las hacen. Y esto sigue.
- O sea que vos, ex-ejecutivo importante de una gran empresa, hace las denuncias y "sos un puro".
- Definitivamente: sí.
- Y no tenés una doble moral.
- Yo creo que no. Si tenés algo que decirme, decímelo...
- No, loco... Pero este parece un país en el que todo el mundo denuncia porque algunos (los otros) son culpables... y así vamos.
- ¿Y qué querés que te diga? ¿Te gustaría tener otras opiniones? ¿Querés que convoque a colegas de mi época?
- Me encantaría.
- ¡Me parece un excelente desafío!
- Mirá: te propongo un panel. Yo se que el mundo empresario está copado por "superfuerzas" que, según de donde vengan pueden ser interesantes. Están los muchachos de ACDE, que nos trajeron a JuanPabloII para charlar en el mundo empresario como forma de neutralizar demonios, a los de la Universidad Austral y su escuela de negocios (caros pero los mejores) a los del PC, que hasta son accionistas de emprendimientos capitalistas, en fin... que las empresas son juguetes de las corporaciones ideológicas que tratan de manejar la realidad.
- No jodas: el mundo empresario es el manejo del poder con la guita por detrás. El resto se "da por añadidura".
Tío Eloy quedó así comprometido a juntarme a un grupo de sus compinches para tratar temas empresarios. ¡Mi weblog va mejorando su target!